jueves, 16 de abril de 2009

Ohestergel, El eternauta...



EL ETERNAUTA

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Dossier HGO, incluye el eternauta


EL ETERNAUTA

Dirección de colección: Juan Sasturain
Diseño de colección: Juan Manuel Lima
Dibujo de tapa y viñetas interiores: Francisco Solano López
© Ediciones Colihue S.R.L.
I.S.B.N. 950-581-913-7
Hecho el depósito que marca la ley 11.723

El Eternauta: tres veces Salvo

Oesterheld fue un cultor consecuente dé la ciencia ficción - en el sentido más amplio y abarcador de la ambigua categoría-, prácticamente desde sus comienzos como narra¬dor profesional en los años cincuenta, tanto en su trabajo en la pionera Más Allá (1953-57), con notas y relatos, como en la tarea de guionista de historietas a partir de 1951, primero en Abril y después en su propia editorial, Frontera.
En varios episodios de la serie Bull Rockett, por ejemplo, que trabajaba los temas científicos en el límite de la fantasía, irrumpe el tema de la presencia extraterrestre. Así sucede con Hacia el infinito y De otros mundos, relatos publicados en 1956 que novelizan historietas anteriormente desarrolladas en Misterix.
Pero es entre 1957y 1959cuando,en los mensuarios Frontera y Hora Cero -más las versiones Semanal y Extra del último- crea sucesivamente las series Rolo, el marciano adoptivo (1957), Rui de la Luna (1958) con Solano López y continuadores, y Sherlock Time (1958), con Alberto Breccia.
Las tres aportan una novedad básica: el cruce de la cotidianidad argentina -los integrantes de un club de barrio porteño, un paisanito de Maipú, un jubilado- con distintas situaciones fantásticas: la invasión alienígena en Rolo, un extraviado extraterrestre en Rui, un frecuentador de los misterios del tiempo y el espacio en Sherlock Time.
Este recurso sería una constante en Oesterheld, y alcanzaría su mejor y más célebre aplicación en El Eternauta, el largo relato gráfico dibujado por Solano López durante dos años y más de 350 páginas en Hora Cero Semanal, entre 1957 y 1959.
La historia del grupo aislado-Juan Salvo y familia, Favalli, Lucas, Polsky- que sobrevive en una casa herméticamente cerrada a una misteriosa nevada mortal que luego se revela preludio de una invasión extraterrestre, y los avatares de la lucha que se desencadena contra el invasor de caras múltiples -los cascarudos, los manos, los gurbos, los hombres robots- hasta el desenlace, abierto y circular a la vez, que convierte a Juan Salvo en eterno viajero del tiempo, es ampliamente conocida. Es, también, la más hermosa y apasionante historia de ciencia ficción y aventura de la narrativa argentina.
Una auténtica novela dibujada.

Lo que no fue

Oesterheld amenazó -prometió formalmente incluso, a mediados de los sesenta en su efímera revista Géminis- con escribir esa novela, convertir la secuencia historietística en texto narrativo.
No lo hizo. Lo que sí hizo fue volver sobre el guión original, una década larga después, para que Alberto Breccia hiciera una versión que acogió en principio pero no toleró hasta el final la revista Gente. La radicalización ideológica del guionista -que "releyó" políticamente su propia historia- y los geniales arrebatos expresionistas del dibujante -demasiado oscuro, sombrío y audaz para un medio conservador en todos los sentidos- asustaron a los editores, quienes los obligaron a terminarla apresurada y apretadamente en menos de 60 páginas.
Ya en los setenta, y en medio de los fragores terribles de la confrontación armada en que había derivado la lucha política, Oesterheld retomó las aventuras de Juan Salvo, ahora con el personaje de Germán -su alter ego- como compañero, y escribió El Elernauta 11. Otra vez con Solano López, para la revista Skorpio, de Ediciones Récord. La publicación de los episodios prácticamente coincidió con su secuestro y trágica desaparición a manos de los represores de la dictadura en ] 977.
La historieta lo sobrevivió bastardamente: manos más o menos anónimas fueron responsables ríe una ulterior continuación -conocida como El Eternauta III- producida primordialmente para el mercado italiano, donde la revista L' Eternauta tuvo larga y auspiciosa vida hasta avanzados los ochenta.
Mientras el personaje crecía y sigue creciendo hasta convertirse, cu la actualidad, en uno de los pocos mitos genuinos de la cultura argentina en el siglo XX, la versión novelada de su historia ha quedado como la frustración de un proyecto nunca realizado.
Así, la novela de El Eternauta no existe. Sólo tenemos esto.

Que es esto

A fines de 1961, cerrado el ciclo glorioso de Frontera, Oesterheld creó un nuevo medio aventurero, un magazine de ciencia ficción para Editorial Ramírez que combinaba información científica con historietas, relatos y cuentos del género. Y lo bautizó El Eternauta, aprovechando la popularidad de su personaje más famoso.
A partir del cuarto número de El Eternauta, el viajero del tiempo se convirtió en vehículo y pretexto para el relato de sucesos históricos ilustrados, a la manera del Ernie Pikc de Batallas Inolvidables. Juan Salvo se corporiza ante el guionista en la situación clásica del comienzo de relato y le narraba - testigo inconcebible-un suceso habitualmente desmesurado y terrible: primero Pompeya, después Hiroshima...
Hasta que en el número 6, de abril de 1962, el navegante del porvenir cambiaba el tono y el argumento para narrar la continuidad de su propia aventura, lo que había sucedido después de haber ido a recalar al Continuum 3 al accionar la máquina que lo salvó, al altísimo costo de separarlo de su mujer y de su hija. Ayudado por el mano, Juan vuelve en su busca al tiempo y espacio del Buenos Aires que abandonó, y la aventura prosigue.
El desarrollo de esta continuación genuina de El Eternauta inicial se prolongó -en extensos capítulos ilustrados sucesivamente por Schiaffino, Lobo, Fahrer, Muñoz, Durañona, Spadari y otros- hasta el número 15, de febrero de 1963,cuando la revista se interrumpió, dejando la historia inconclusa. Esta es la primera vez que se publica desde entonces. Nunca fue retomada ni existen datos que permitan suponer el desarrollo ulterior de las aventuras, ya que cuando Oesterheld volvió sobre Juan Salvo, eran otras las historias que deseaba contar. Sin embargo, caben algunas reflexiones sobre este texto singular.

La lucha continúa

Un aspecto evidente es su inorganicidad, el aire arrebatado de su concepción. La historia salta sin transición de un clima a otro, de una circunstancia a otra. Quema etapas, modifica los ritmos sobre la marcha, pasa de las pormenores a las elipsis y suele plantear situaciones que apenas quedan en eso, sin desarrollarse en todas sus posibilidades. Como si fuera un borrador apresuradamente difundido en el que están, embrionariamente planteadas, las líneas de un relato que se va pensando a sí misino mientras crece.
Hay por lómenos cuatro secuencias. La primera abarca las aventurasen El Tigre hasta el encuentro con Favalli; la segunda, el contacto con las tropas del Capitán Timer, y los breves enfrentamientos con el enemigo hasta la partida hacia el norte; la tercera es la experiencia de la llegada y el ataque a la ciudad de Nueva York que termina con la caída de Salvo y Favalli como prisioneros en manos del enemigo, y la cuarta e inconclusa, el salto al espacio exterior y el conocimiento de una nueva perspectiva, un nuevo y horroroso marco galáctico para la guerra.
Como en la historia original, aquí también hay un movimiento de lo particular a lo general, de lo conocido a lo desconocido, que se corresponde con un traslado físico: de El Tigre a Nueva York y de ahí al espacio exterior.
En la aventura primera, ese itinerario que empezaba con la salida de la casa iba revelando pausada y horrorosamente, las características de la tragedia. Primero su amplia dimensión y luego su sentido-la invasión extraterrestre. Después, ya en el contexto de la lucha contra el invasor, el desplazamiento hacia el Centro iba, paulatinamente, revelando los sucesivos rostros del enemigo: "cascarudos", gurbos, "manos", hombres robot, todos al servicio de los esquivos Ellos. Después, la derrota y la huida tan costosa.
El Juan Salvo que regresa a la Tierra, sabe. La narración lo devuelve al tiempo y espacio que abandonó en el momento de entrar en la nave o máquina de tiempo del Ello que le sirve para escapar. Viene a buscar a Elena y Martita y, una vez más, no las encontrará. El espiral de la guerra y la búsqueda del conocimiento lo alejan cada vez más del proyecto individual. Además, ese Juan Salvo es otro, moldeado por la experiencia y endurecido por la frecuentación de la muerte.
Desde el origen -auténtico "bautismo" del que sale "salvo" un nuevo Juan- la historia se plantea en términos crudos de violencia e indeterminación. El protagonista no va a ninguna parte sino que, solo, busca a tientas entre la confusión y el equívoco: por primera vez, vive la dura ley de la selva que Favalli pronosticara en la historia original como único marco de referencia y pauta de relación entre los sobrevivientes.
El Tigre es precisamente un lugar selvático de señales confusas donde para Juan Salvo, que "sabe", nada tiene sentido ni es lo que parece ser: sucesivamente, encuentra a Bartomelli, a Amelia y el Bocha, a la misión de "La Cruz"-falsa salida (¿simbólica?) encarnada en un loco, el Capitán Roca- termina huyendo de y matando a otros hombres: a tiros a uno, ahogando al segundo y con un cuchillo a un tercero, en breve lapso.
El equívoco de la no discriminación entre "amigos" y enemigos persiste en la larga secuencia de contacto con Favalli en el helicóptero: no saber contra quién ni por qué se lucha. En este sentido, todo el primer tramo de la historia-incluso el "crucer" en acción que intercepta los cohetes intercontinentales- no enriquece el planteo original de El Eternauta sino que es "más de lo mismo", sólo que exacerbado por la crudeza de la violencia y la velocidad de los sucesos.
El contacto con la misión norteamericana equivale -en términos estructurales- a la irrupción de las fuerzas organizadas del Ejército que recogían a los sobrevivientes aislados en la primera parte: apertura a otra dimensión de la 1ucha e información más amplia sobre los alcances de la invasión. Sin embargo, en este caso, el problema para el interés del relato, es que no hay revelaciones que el lector comparta con Salvo y Favalli sino mera información complementaria.
La expectativa crece con el traslado a Nueva York. Pero no dura nada. Prácticamente con ellos llega el ataque y la destrucción de la ciudad. Otra vez la salvación milagrosa por aislamiento-el ascensor hermético-y la huida en inferioridad de condiciones que prefigura el final de la historia original.
Sólo la cuarta e inconclusa secuencia abre la historia hacia una nueva dimensión. La larga escena final, con los quinientos sobrevivientes humanos ante el "mano" que les explica cómo son las cosas en el Universo (Ellos y Enemigos se disputan todo...) y cuál es su posibilidad de sobrevivir en él, es de lo más rico de la historia y nos devuelve al mejor Oesterheld.
En esas líneas de diálogo están prefiguradas las cuestiones que ocuparán el centro de los planteos ético- políticos del autor en el futuro, y de las obras de ficción que los ejemplificarán, de El Eternauta de Breccia en el 69 a La guerra de los Autartes y El Eternauta II en los setenta.
La historia se interrumpe, precisamente, cuando más prometía...

Contar en imágenes

Los cuentos que acompañan al inconcluso "El Eternauta" en esta edición tiene distinto origen. Cuatro de ellos aparecieron también en la revista El Eternauta: "Retorno"', en el número 4: "Un hombre común", en el 5, y "Paria espacial" y "Un planeta..." en el número 6. Todos ellos comparten con el relato más extenso un ritmo narrativa casi oral y la recurrencia al presente histórico o la omisión del verbo en las descripciones de las escenas de acción, lo que les da cierto aire telegráfico. Una característica común a los relatos de guerra de la misma época incluidos en la serie Batallas Inolvidables, de Ernie Pike.
En mayor o menor medida, todos ellos, también, padecen de cierta desprolijidad expresiva, probable resultado del apuro y la falta de una cuidada corrección. Más aún: en algunos casos parecen-como sucede con la continuación de El Eternauta- la mera trascripción de una narración oral grabada. Osterheld, un autor tan dúctil como prolífico, solía desarrollar ante el magnetófono los guiones de sus historietas, cuadro a cuadro, con descripciones de imagen y diálogos. Es indudable que extensos tramos de estos relatos tiene todas las características de esa modalidad de ficción, y podrían ser transcriptos en secuencia dibujada (historieta) prácticamente sin modificación.
Y esto es válido, sobre todo, para El Eternauta, donde prolifera la acción vertiginosa por sobre todo componente narrativo.
En cuanto a las historias en sí, el irregular "Retorno" vierte en pocas páginas una buena historia, material narrativo que sin duda pedía un desarrollo más moroso y pausado: parece el argumento de una novela condensado, con moraleja, mensaje y todo.
"Paria espacial" -cuya trama desarrolló más de una vez, con variantes- retoma el tema del sacrificio individual, que se reitera en "Un hombre común": Rainer Lomas y Robert Foss se entregan para salvar a la Tierra en un caso, a Norteamérica - en el contexto de la Guerra Fría-en el otro.
"Un planeta... planeta... planeta..." juega con el "planeta trampa" dentro de la variante original de la seducción del ocio y la contemplación de la belleza: la historia tiene más resonancias -monstruos "polípteros" incluidos-- que la simpleza de su trama haría suponer.

La artesanía literaria

Diferente es el caso de los otros cuentos que completan el volumen. Los dos más ex tensos-"El árbol de la buena muerte" y "una muerte"- se publicaron en 1965 en los dos únicos números de Géminis, revista de relatos de ciencia ficción que se proveía mayoritariamente de material narrativo de la norteamericana Galaxy. La publicación, dirigida por Oesterheld y con tapas de Breccia, no incluía historietas, y estaba más cerca de las clásicas Más Allá o Minotauro, que de su intento anterior con "El Eternauta". Buenos autores del género y calidad literaria definían el medio, que no pudo hacer pie en el mercado.
En ese contexto, los dos cuentos de Oesterheld no desentonan. Por el contrarío. El bradburiano "El árbol de la Inicua muerte" y -sobre todo- el inolvidable "Una muerte" con su conmovedora vuelta de tuerca al lema del contacto con extraterrestres, son de lo mejor y más acabado del autor en el género. Precisamente, lo que hace a su excelencia es el gesto elusivo, la perspectiva limitada que restringe la información del lector: estamos en la antítesis de la imagen historietística y las armas son genuinamente literarias.
Finalmente, los brevísimos textos reunidos bajo el título genérico de "Sondas" son los únicos que se publicaron directamente en libro y significaron de algún modo el "reconocimiento" literario de Oesterheld. Aparecieron en la antología Los argentinos en la Luna, editada por De la Flor en 1968 , junto a relatos de los principales autores nacionales. Se trata, realmente, de pequeñas obras maestras, maravillas de concisión sostenidas por un diestro manejo de la perspectiva y el punto de vista al servicio de la sorpresa y la paradoja.
En síntesis: este volumen reúne un conjunto de relatos heterogéneos en su factura, en la naturaleza de los medios que los albergaron, en el estilo y las formas. Sirven de muestreo ejemplar de la producción de Oesterheld durante los años sesenta. Algunos poseen el valor de un rescate semidocumental que ilumina zonas poco conocidas de la producción del autor, como es el caso de la continuación de El Eternauta; otros revelan su destreza de narrador dotado de imaginación y estilo, capaz de lograr piezas maestras de impecable factura, invitadas obligadas a cualquier antología rigurosa del género, como son esas breves "Sondas" o "Una muerte".
En todo caso, el maravilloso narrador siempre tiene para contarnos una historia que no podremos olvidar.

Juan Sasturain